sábado, febrero 18, 2017

La evolución de las canciones para niños

La explicación última de la existencia de la música es uno de los problemas no resueltos de la psicología evolucionista. Para algunos se trata de un subproducto de otras capacidades mientras para otros es una verdadera adaptación que aumenta la cohesión y unión del grupo. Recientemente ha aparecido un artículo que propone una explicación para las canciones dirigidas en concreto a los niños. La explicación que los autores dan para esta forma concreta de música se basa en la teoría de Trivers del conflicto padres-hijos planteando que sería el resultado de una “carrera de armamentos” con respecto a la atención que los niños pequeños demandan. Vamos a ver de forma resumida la hipótesis de estos autores.

Una primera suposición bastante segura es que la primera forma de música fueron las canciones vocales, con anterioridad a  la música interpretada con instrumentos. Los instrumentos más antiguos conocidos son los de viento (flautas) y parece lógico pensar que estos instrumentos simulaban la voz humana y no al revés. Por otro lado, en todos los lugares del mundo los padres cantan con frecuencia canciones a sus hijos incluidos pueblos cazadores recolectores como los Hadza de Tanzania o los iKung. También sabemos que los niños demuestran habilidades musicales desde edades muy tempranas. Los neonatos responden a ritmos, recuerdan canciones que oyeron en el útero y los niños están muy motivados para escuchar música y para bailar.

La teoría del conflicto padres-hijos viene a decir de forma resumida que los intereses de padres e hijos son confluyentes pero no al 100%. Un hijo sólo tiene el 50% de los genes de cada padre y los padres tienen intereses en otros hijos mientras que cada hijo tiene un interés primordial en sí mismo ya que sólo comparte el 100% de los genes consigo mismo. Un ejemplo de este conflicto sería el destete, un problema que se presenta en otros primates además de en humanos. Llega un momento en que la madre quiere retirar esa inversión en un hijo lo que llevaría a poder volver a quedarse embarazada mientras que el niño quiere que siga amamantándole e invirtiendo en él. Mehr y Krasnov proponen que un conflicto similar al del destete dio lugar a las canciones para niños pero el conflicto en este caso no ocurre por la lactancia sino por la atención paterna.

La mortalidad infantil fue muy alta en tiempos ancestrales: un 40-60% de los niños morían antes de la edad de 15 años. Los padres homínidos era probable que sobrevivieran a muchos de sus hijos. Las causas de la muerte eran infecciones pero también ataques por depredadores. Los niños pequeños no son capaces de protegerse a sí mismos, no tienen movilidad, y dependen para su supervivencia de la vigilancia paterna así que la atención paterna dirigida a ellos es un recurso vital para ellos. Esto crea una presión para que los niños demanden dicha atención, como garantía de su seguridad. Pero si los padres dedican atención sólo a un niño no pueden dedicarla a otros hijos o a otras tareas igualmente importantes para la supervivencia; es decir, tenemos un conflicto sobre un recurso limitado.

Además ocurre que la atención paterna es invisible. La mirada de los padres puede decir al niño que los padre están atendiendo pero no es del todo fiable, pueden estar mirando en la misma dirección pero no a ellos o pueden estar atendiendo sin mirar directamente. Así que una manera de resolver este conflicto son las vocalizaciones. Hablando al niño éste puede saber que está atendido y vigilado y que por lo tanto se encuentra seguro. Hablar a un niño requiere una concentración cognitiva y de la respiración lo que implica que no se puede estar haciendo otras cosas a la vez. Si las vocalizaciones incluyen ritmo y melodía es todavía una señal mejor de que el padre está concentrado en cantar y no en otras tareas. Así que cantar podría resolver las demandas de atención del niño y calmarle de la manera más rápida y efectiva. Los autores proponen que la carrera de armamentos por la atención llevaría primero a vocalizaciones no musicales y luego evolucionaría hacia vocalizaciones más musicales porque son una señal costosa de que se presta atención. 

La hipótesis de Mehr y Krasnov se aplicaría sobre todo a niños menores de un año, que no pueden andar, y menos a niños de 1-2 años. No sirve para niños mayores de dos años porque éstos ya son capaces de andar y de mantener la proximidad con los padres. Hay que tener en cuenta una diferencia muy importante entre otros primates y los humanos. En otras especies el hijo es transportado continuamente por la madre a la que el bebé se agarra todo el rato. Los niños humanos tiene un reflejo de presión ancestral pero no son capaces de agarrarse de igual manera a su madre. Esto crearía presiones para que los padres transportaran a los hijos y también en los niños para llorar y ser transportados el mayor tiempo posible y no ser dejados solos. Es muy interesante la observación que se ha comprobado de que los chimpancés lloran cuando están solos pero en cuanto la madre los coge se calman inmediatamente. Sin embargo, los humanos pueden llorar por largos periodos de tiempo incluso cuando son sujetados por uno de los padres. En resumen, una cría de chimpancé no necesita señales de atención porque es transportada continuamente y por eso no aparecería el conflicto por la atención del que estamos hablando en humanos.

Hasta aquí todo tiene bastante sentido y es aceptable asumir que las vocalizaciones pueden ser una solución al problema de la demanda de atención de los bebés. Lo que ya es más difícil de explicar es por qué las vocalizaciones resultado de esta carrera de armamentos dieron lugar a proto-melodías y posteriormente a melodías y además a un componente rítmico. Los autores hacen algunas propuestas basándose en supuestas preferencias armónicas y rítmicas que pueden ser innatas en la especie humana pero creo que no resultan convincentes. En cualquier caso, ahí está la hipótesis y merece la pena conocerla.

@pitiklinov

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sábado, enero 14, 2017

La carne cortada impulsó la evolución humana

Es un hecho bastante aceptado la gran importancia del fuego y de la cocina en la evolución humana, pero Daniel Lieberman sugiere que la aparentemente banal acción de cortar la carne ha sido mucho más importante en nuestra evolución de lo que parece. Los chimpancés se pasan unas 6 horas al día masticando. Lieberman propone que la aparición de herramientas de piedra que permitieron cortar la carne y machacar las raíces disminuyó el tiempo de masticación necesario al día y que evolucionaran así otras características que eran necesarias para hablar.

La razón por la que los humanos pasan menos tiempo masticando que los chimpancés es que comemos una dieta de más calidad nutritiva. Los chimpancés comen principalmente fruta (y algo de carne cuando cazan, pero no es muy habitual) mientras que los humanos comen más carne. Hoy en día la cocina hace que la carne sea fácil de comer y digerir pero nuestros ancestros empezaron a comer carne mucho antes de que pudieran asarla. Hay pruebas de que los homininos comían carne desde hace unos 2,5 millones de años mientras que cocinar alimentos no ocurrió hasta hace unos 500.000 años. Y Lieberman se preguntaba qué hicieron nuestros ancestros mientras tanto.

La respuesta está  en una innovación que surge aproximadamente en la misma época que el cambio de dieta a comer carne: las herramientas de piedra. Lieberman se unió a la antropóloga evolucionista Katherine Zink para investigar cómo afectaban estas herramientas al tipo de alimentos que los homininos podían comer. Compararon vegetales machacados y carne cortada en trozos con carne cruda y vegetales (batatas, remolachas…) enteros. Escogieron voluntarios y les pusieron electrodos por toda la cara y comprobaron la cantidad de tiempo y de fuerza que era necesaria para comer los alimentos.

La primera cosa que descubrieron es que la carne cruda es casi imposible de comer con dientes humanos. Las vacas modernas han sido seleccionadas para tener una carne tierna así que Lieberman y Zink utilizaron carne de cabra porque podría parecerse más a la carne de venado salvaje que comían los primeros homininos. “Comer carne de cabra no es nada agradable”, dice Lieberman que hizo el intento él mismo, “masticas y masticas y no pasa nada…”. Los dientes humanos sencillamente no pueden partir la carne en trozos que podamos tragar, es como masticar chicle. Los dientes de los chimpancés son también malos para comer carne, así que tanto para chimpancés como para nuestros primeros ancestros comer carne era un proceso largo y tedioso.

Cortar la carne lo cambia todo. Los homininos podían cortar trozos del cuerpo de una presa y llevarlos a la boca, masticarlos de una manera más fácil y digerirlos mejor. Lo mismo ocurre machacando tubérculos y raíces. Lo que encontraron es que si la carne era un tercio de la dieta,  simplemente cortando la carne y machacando los vegetales los homininos podían reducir un 13% el número de ciclos de masticación (2,5 millones menos de masticaciones al año). La fuerza de masticación se reduciría también en un 15%.

Este estudio contradice o matiza la hipótesis de que fue el fuego y cocinar alimentos lo que actuó como presión selectiva para que ocurrieran cambios en nuestros dientes y mandíbulas. Según las evidencias que citan Zink y Lieberman, el cocinado de alimentos aparecería tal vez hace un millón de años y estaba extendido hace 500.000 años. Richard Wrangham no está muy de acuerdo con Zink y Lieberman. Para él, que no se hayan encontrado restos de fuegos no quiere decir que no los hubiera ya en una época anterior. Para él la hipótesis de Zink y Lieberman difícilmente puede explicar los cambios mandibulares y dentales ni mucho menos la disminución del tamaño del intestino. 

Zink y Lieberman no niegan la importancia del fuego sino que proponen un proceso en dos etapas. Cortar y machacar alimentos empujaría ya cambios en nuestras mandíbulas e intestinos y luego el fuego acabaría el trabajo. Lo que parece claro es que no habríamos podido sobrevivir comiendo carne de cabra cruda :).

@pitiklinov


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