domingo, junio 04, 2017

La misteriosa atrofia del cerebro humano

Robert Bednarik
Se habla mucho del enorme aumento de tamaño del cerebro humano que era ya de 750 ml. al principio del Pleistoceno para llegar a doblarse después. En los últimos 800.000 años creció unos 7 ml. por cada 10.000 años. Pero se habla muy poco de que desde finales del Pleistoceno y durante el Holoceno el volumen endocraneal se ha ido reduciendo (y a una tasa 37 veces más grande que el aumento en la encefalización previo). Y se habla poco de ello porque esta reducción del volumen cerebral es un inconveniente ya que siempre se ha asociado mayor cerebro a mayor complejidad cognitiva y a mayor inteligencia y al éxito de nuestra especie, así que una atrofia del cerebro pone en entredicho los beneficios de la encefalización ya que no parece que la disminución de capacidad cerebral haya llevado aparejada una disminución en nuestras capacidades mentales, sino todo lo contrario. En esta entrada voy a comentar un artículo de Robert Bednarik que explica esta atrofia reciente (que tal vez empieza hace unos 40.000 años) del cerebro humano por un proceso de  domesticación de los humanos. La domesticación implica neotenización y la explicación de por qué esto no ha tenido un efecto negativo sería que el ser humano empezó a usar medios externos (exogramas lo llama Bednarik) para almacenar memoria, es decir que el cerebro humano habría descargado parte de su trabajo en recursos externos no biológicos. 

Algunos datos para empezar. Henneberg da las siguientes cifras en hombres tras el estudio de miles de cráneos:

Mesolítico: 1567 ml
Neolítico: 1496 ml
Edad de Bronce y de Hierro: 1468 ml
Época Romana: 1452 ml
Ala Edad Media: 1449 ml.
Baja Edad Media: 1418 ml.
Actualidad: 1391 ml.

En las mujeres se observa una reducción parecida desde 1502 ml. en el Holoceno temprano pasando por 1373 en el Neolítico hasta 1241 en la actualidad. También es sabido que los neandertales tenían grandes cerebros en el rango 1200-1900 ml. El comienzo de la reducción cerebral se sitúa aunque no es seguro hace 40.000-50.000 años. Hay que decir que esta atrofia cerebral no se ha detectado sólo en Europa sino que ha ocurrido también en Africa, China e incluso Australia. Hay que decir también que esta disminución de tamaño no se puede explicar por disminución del tamaño corporal, por deriva genética ni por cambios climáticos, ni por los cambios dietéticos subsiguientes a la agricultura porque la atrofia precede a la agricultura. 

No se sabe a ciencia cierta la causa de la atrofia pero Bednarik propone la hipótesis de la domesticación. En animales domesticados se produce también una disminución del cerebro. Por ejemplo los lobos tienen un cerebro un 10% más grande que los perros, las llamas y alpacas un 17% menos que los guanacos, un 16% menos el caballo domestico respecto al salvaje y un 34% en los cerdos. Otros cambios físicos debidos a la domesticación incluyen cambios en los ciclos reproductivos, menor número o acortamiento de vértebras, colas rizadas, pérdida de pelo, ojos más grandes, frente redonda y un hocico más corto. Parece también que se ha producido un proceso de gracilización ósea, disminución del aparato masticatorio y pérdida de robustez comparado con los ancestros. En conjunto, un proceso de mayor neotenia.

También se producen cambios psicológicos o conductuales: más conducta de juego, más plasticidad conductual (si comparamos la conducta juvenil de un perro con la de un lobo) y la reproducción deja de ser estacional. Incluso la homosexualidad exclusiva podría ser atribuida a la domesticación según el artículo. Durante milenios se habría ido seleccionando a los humanos más pro-sociales y se habría ido castigando a los más antisociales que por un proceso de selección sexual no habrían sido seleccionados y no habrían transmitido sus genes a la siguiente generación.

Vamos a ver ahora la segunda parte de la hipótesis. ¿Por qué no ha tenido consecuencias negativas esta atrofia cerebral? Imaginemos un ordenador. El tamaño de la memoria del ordenador puede ser reducido si parte de los contenidos pueden ser almacenado en el exterior, en discos duros externos u otros dispositivos. De la misma manera, Bednarik propone que si algunas funciones de almacenamiento cerebral se transfieren a dispositivos externos el tamaño del cerebro se puede reducir sin que disminuya su eficacia. Estos dispositivos externos es lo que Bednarik llama exogramas. El término exograma se construye por contraposición al de engrama, que fue propuesto por Richard Semon hace más de un siglo. Un engrama es un rastro de la memoria, una alteración plástica en el tejido neural que es donde se almacenarían los recuerdos (cosa que no se ha encontrado, dicho de paso).

La idea de almacenar recuerdos en dispositivos externos como “simbolismo”, la de utilizar una “corteza sustitutoria” se puede rastrear hasta Platón que ya se quejaba del efecto negativo que podía tener la escritura: “si los hombres aprenden a escribir se implantará el olvido en sus almas, dejarán de ejercitar la memoria porque se apoyarán en lo que está escrito recordando las cosas no por recuperación de los recuerdos desde dentro de ellos mismos sino a partir de marcas externas” (parece que Platón ya intuyó el concepto de neuroplasticidad). El caso es que las pinturas en las cuevas, uso de pigmentos en general, inscripciones, protoesculturas, cuentas y abalorios, petroglifos  y otros simbolismos  serían equivalentes a los engramas y fue Donald en 1991 el que los llamó exogramas. Unos exogramas especiales serían los que componen el lenguaje. 

En definitiva el uso de exogramas es la principal diferencia entre humanos y el resto de animales. El registro arqueológico indica que la utilización de exogramas aumenta a lo largo del Pleistoceno acelerándose hace unos 40.000 años y la utilización de exogramas coincide en el tiempo con la disminución del tamaño del cerebro. Si se usan exogramas la capacidad puramente biológica del cerebro ya no es la que dicta los límites de la cognición, memoria y comunicación. Ni hace falta decir que este proceso es autocatalítico y una vez que se pone en marcha se retroalimenta exponencialmente. Sea como sea, la hipótesis de que la atrofia cerebral, la neotenización y el aumento de los exogramas  están relacionados se puede testar y falsificar. Pero lo que no se puede es clarificar cuál es la causa y cuál es el efecto. ¿Es la autodomesticación humana o la necesidad cada vez menor de poder cerebral la responsable de la reducción del volumen craneal? Ambos factores serían atribuibles en última instancia al surgimiento y desarrollo de la cultura. La explicación por la que se inclina Bednarik es que los humanos fueron afortunados en que justo en el mismo momento en que la domesticación afectaba al tamaño cerebral su cultura llevara a una explosión de almacenamiento extracraneal. Para Bednarik la hipótesis de la domesticación es la explicación mas sencilla de cómo los humanos han llegado a ser lo que son.

@pitiklinov

Referencia:












viernes, mayo 26, 2017

La muerte de la muerte: animales para siempre

 
El hombre del conocimiento camina entre los hombres como entre animales. Friedrich Nietzsche
  
Probablemente se trate de otro titular de prensa. Quien hace la declaración es José Luis Cordeiro. Llamémoslo científico. Es de suponer que tiene sus galones, que ha estudiado en las más prestigiosas universidades y ha realizado investigación puntera en su campo, y no me planteo siquiera que pueda caberme alguna duda de que se trata de un tipo excepcionalmente inteligente y competente.
 
Vaya por delante que no soy un fan de la muerte. Eso de que el cuerpo de mis seres queridos y el mío propio se corrompan y dejen de funcionar me pone.....enfermo....¡me mata! La posibilidad de un Dios está ahí, como posibilidad. Me resulta harto difícil confiarme a ella ciegamente, al menos en las actuales circunstancias, aunque imagino que si la muerte me acechase miraría cualquier rayo de luz como una señal de la máxima trascendencia. Soy débil e incoherente: eso no hace falta que nadie me lo diga. 
 
No he substituido no obstante una fe trascendente por una fe en la ciencia, no al menos de una forma tan absoluta que me lleve a creer que llegaremos a conocerlo y a controlarlo todo, esto es, a ser tan omniscientes y omnipotentes como el Dios que algunos científicos se esfuerzan en arrojar desde las alturas, para que sea el nuevo ángel caído.
 
Los sacerdotes de estas religiones seculares que llevan la bata del científico en lugar de la sotana de los clérigos no me inspiran mucha más confianza que éstos últimos, que desde los púlpitos de las iglesias tratan de hacernos creer que lo que ellos dicen es, de alguna forma, lo que Dios quiere que oigamos....y practiquemos. 
 
Y no me entiendan mal: admiro a gran parte de los científicos, de ahí este blog, y el blanco luminoso de su armadura del conocimiento, suma de todos los colores, me ofrece más esperanza que el negro de la armadura del dogma de la sotana, con su ausencia de todo color y, para mi, de toda esperanza.
 
No me llamen anticlerical. No es eso. Nunca será ése el problema. Nunca lo seré. Pero tampoco esperen que espere algo de la Iglesia. La esperanza requiere ciertos presupuestos sobre la incertidumbre y su manejo a partir de las evidencias disponibles y no estoy por la labor de construir castillos en el cielo.....o paraísos artificiales...a la medida de mi humanidad. No creo que lo humano sea en sí muy trascendente.
 
Pero ay....¡guárdenme también de los profetas del Transhumanismo y de sus patrañas disfrazadas con la bata científica!
 
Primero de todo: no tienen ni idea, sus predicciones son pura especulación basada más en sus intereses vinculados al patrocinio de sus investigaciones que en el más mínimo indicio de que lo que hacen pueda llevar a donde dicen que puede y debe llegar.
 
Y en segundo lugar cabe preguntarse al menos dos cosas:
 
1- ¿Para qué?
 
2- ¿Hasta dónde?
 
La evolución por selección natural nos ha llevado a  un estado de cosas y seres, a una naturaleza, en la que todo lo que se organiza en estructuras y funciones, todo objeto o sujeto, son finitos, física y temporalmente. Los recursos ponen coto al crecimiento exponencial de los seres vivos, desde las bacterias hasta el excelsísimo (por autoproclamación) ser humano. Y prolongar nuestras vidas por mero instinto de supervivencia, que es el que nos permite simplemente vivirlas, no deja de ser un desatino: por mucho que nos desagrade (y a mí me desagrada profundamente), vivimos para perpetuar la vida en otros, y el cambio es la única constante, que en su fluir heráclitico nos arrastra corriente abajo a las profundidades de la inexistencia. 
 
Nuestra mente es un producto de la selección natural, así que el "para qué" tiene todo el sentido. ¿Para prolongar todas las estrategias cognitivas y emocionales que han evolucionado para una vida finita? 
 
Y los recursos son limitados, así que el "hasta dónde" es un asunto de la mayor importancia.
 
En cierto sentido los transhumanistas viven la ilusión de quién juega a la lotería que piensa que cuando le toque el gordo su vida será mejor. Pero como ya han puesto de manifiesto algunos estudios psicológicos, la realidad es que la vida después del gordo no es mucho más feliz de lo que lo era antes, al menos pasado un año....e incluso podría ser peor. Y el problema de la lotería se puede aplicar al de la prolongación de la vida de la misma manera, porque las mismas limitaciones de nuestra biología operan en nuestra mente, que no está preparada ni para la abundancia ni para la eternidad.